Surfeando con intensidad y sin distracciones.

Surfeando con intensidad y sin distracciones.

Abril 2020

Surfeando con intensidad y sin distracciones… Así estamos yo y el espíritu de mis profundidades.

Me encanta la idea de no tener que salir, de no tener compromisos, de poder disfrutar de cada rincón de mi casa y descubrir la belleza de cada uno de sus espacios. Me siento plena y en paz al tener a mis hijos cerca, como leona que los conserva en su cueva y se siente segura. Disfruto leer que los animales y los recursos naturales se están mejorando, y me emociona ver la unión y generosidad de muchas personas que desinteresadamente ayudan y comparten. Estoy aprendiendo cosas nuevas de toda la gente que ofrece recursos gratuitos. Me siento conectada con las personas que comparten sus intuiciones sobre la presencia de un sentido profundo y espiritual en lo que vivimos. Estoy feliz de tener tiempo para descubrir con todo lo que surge de mi interior, letras que inspiran, imágenes que evocan e ideas que divierten. Tengo momentos de mucha claridad y de fe en que estoy viviendo un proceso de transformación colectivo y personal. Y me emociona imaginar que se transformará en mí, en mis hijos, en mi familia, en mi ciudad, en mi país y en el mundo.

Y al mismo tiempo…

Me angustia sentirme en medio de una corriente ambigua de información y noticias. Me confunde la información sobre el riesgo de contagio. Me dan coraje las reacciones de rechazo hacia quienes necesitan estar en contacto con enfermos. Me estresa la presión de ser la encargada de que mis hijos entiendan todo lo que necesitan cubrir de actividades escolares en línea sobre todo cuando escucho gritos de “mamá ya se desconectó, ahora qué hago”. Me frustra no entender todo lo nuevo que hay en tecnología y sentirme ignorante cuando me preguntan o piden ayuda. Me entristece escuchar que personas mueren solas en cuartos de hospitales y sus familias no pueden tener los rituales que necesitan para hacer sus procesos de duelo con sus personas cercanas. Me preocupa no saber las consecuencias que esta pandemia va a tener. Me entristece tener conflictos por diferencias de opinión sobre los cuidados necesarios.

Y así estoy viviendo muchas experiencias al mismo tiempo con mucha intensidad.

Y mientras tanto, escucho, descubro y dejo expresarse a las distintas mujeres que viven en mí. La Guerrera que no se cansa, crea estrategias de supervivencia lucha por sus ideales. La Mística que contempla lo que sucede con fe y cultiva el silencio para hacer introspección que le ayude a conectar con lo más profundo de sí misma. La Madre que con amor sostiene a la familia, pone límites y procura la unión mientras disfruta de tener a sus retoños pegados a ella. La Maga que quiere descubrir lo inconsciente que se está moviendo para crear una nueva vida y dejar que la transformación suceda. La Doncella que juega, se divierte y toma la vida a la ligera. Y en las noches me imagino que mi espíritu de las profundidades, aquel que me guía y da fuerza para ser la persona que vine a ser al mundo, es como un surfista que está intentando hacer su labor en un océano con olas intensas que se mueven en sentidos puestos. Está buscando equilibrio entre placer y dolor, miedo y tranquilidad, angustia y serenidad, desconfianza y fe. Y junto con él, yo surfeo. Cuando estoy en los picos siento como todo fluye, veo el horizonte con claridad y confío en que llegare al final parada y más capaz. Pero de pronto cuando una ola me revuelca me invade la angustia de no saber cuándo será adecuado soltar el cuerpo para dejar que la ola me saque a tierra firme y respirar con confianza otra vez.

Todas las noches acabo cansada de tanto surfear, pero hay unas en que disfruto el recuerdo de lo vivido, aprendido y logrado. Otras recuerdo la angustia de sentirme revolcada y me entra temor de volver a agarrar una ola que me haga sentir miedo a no poder salir a respirar.

Y así es esto... así me está tocando ser parte de una parte de la historia donde las polaridades y ambivalencias tanto afuera como adentro se acentúan más que nunca. Y me hacen enterarme de que esto es la vida desde siempre tanto fuera como dentro. La diferencia es que ahora no tengo tantos lugares a donde huir para distraerme y usar mí no querer enterarme perdiéndome de lo que ahora sé que es la intensidad de vivir y sentir mis días. Ahora si estoy yo, conmigo, con mi casa, con mi familia viéndome a cada rato reflejada en los espejos de todo sus ojos y los míos.

La vida... ambigua, con mucha certeza y mucha incertidumbre, con mucha emoción y mucho temor me está haciendo experimentarme como un océano en el que confluyen muchas corrientes. Y estoy decidida a seguir surfeando, revolcándome, y viendo como la alegría y la tristeza, la esperanza y el miedo, el entusiasmo y la flojera pueden convivir en un mismo lugar que soy yo, sin pelearse ni necesitar huir una de otras, porque ahora si no hay fiestas, ni cine, ni Starbucks, que las distraigan…



Mariana García Quintana © Copyright. Todos los Derechos Reservados. | Abril 2020.



Mariana García Quintana | Blog

By Mariana García Quintana

Madre, esposa y psicóloga clínica por la Universidad Iberoamericana, con una maestría en Psicoterapia Gestalt, estudios en Psicoterapia de Arte, Mind Body Medicine, Psicología Profunda, Coaching y Teología.

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