Blog || Memorias de una pandemia

Memorias de una pandemia: del entusiasmo al miedo, del miedo a la confianza, de la confianza a la alegría.

Marzo 2020

Querida nieta:

Ya estábamos en la segunda semana de la pandemia y mi experiencia empezó a ser muy cambiante. Empecé a darme cuenta de que el alivio del mundo iba a tardar más tiempo del que pensaba. Con la cuarentena no podía salir de casa, sin embargo no era un tiempo de descanso, tenía muchas responsabilidades que cumplir cuidando de tu mamá, tus tíos y trabajando desde casa. A ello empecé a sumarle listas que hacía con información que leía en chats, redes sociales y noticias sobre qué hacer para protegernos de contraer el virus, clases para mantener la salud física dentro de casa , clases online con actividades nuevas que aprender, campañas para ayudar a los más afectados, recomendaciones de libros que leer y técnicas que practicar.

Me empecé a sentir muy positiva y motivada por todo lo que podría hacer y aprender sacando lo mejor de esta temporada. Sin embargo, con el paso de los días empecé a darme cuenta de que “todo el tiempo” de más que tenía en casa no me alcanzaba para cubrir mis listas. Amanecía agitada pensando en todo lo que iba a hacer y me dormía angustiada regañándome por lo no logrado, proponiéndome ser más productiva al día siguiente. Había mucho que “hacer” mientras nos quedábamos en casa y yo no me estaba poniendo suficiente las pilas, no estaba aprovechando al 100 el tiempo de cuarentena. Era mi oportunidad para ser la mamá que hace el home-schooling divertido, la ama de casa que tiene todo muy desinfectado y reorganiza su casa en 14 días, la ejecutiva que se reinventa en las crisis, la chef que prueba una receta nueva cada día, la mujer disciplinada que practica dos clases de ejercicio al día, la intelectual que lee libros interesantes, la súper-mujer que puede con todo y vence cualquier obstáculo en momentos difíciles. Y para ello no soltaba la fuente de información, el celular, como si despegarme de él fuera a hacer que me perdiera de “lo importante”. Así se fue formando un ciclo de entusiasmo-obsesión-agitación-culpa-frustración-enojo-cansancio hasta que una angustia nocturna, de esas que te despiertan en la madrugada por falta de aire y la sensación de que en cualquier momento algo malo va a pasar, me ayudó a darme cuenta de que algo en mi manera de pensar y sentir andaba mal.

Como todas las angustias de madrugada en ese momento los pensamientos eran algo catastróficos y me impedían cambiarlos para recuperar la calma. Así que decidí no pelearme, y observar lo que estaba sintiendo, cambiando solamente el ritmo de mi respiración. Me concentré en ir haciendo inhalaciones y exhalaciones cada vez más largas y profundas que me permitieron observar mis pensamientos, tolerar la angustia que se fue reduciendo progresivamente. Poco a poco sentí como el aire volvía a fluir por todo mi cuerpo mientras mis pensamientos cambiaban. Hasta que llegó la mañana y lo primero que hice fue aplicar la sana disciplina de tomarme una pausa, abrir la ventana y sentir el aire en mi cara. Después de todo lo sentido y pensando en la noche reconocí que necesitaba darme un momento para sentarme en silencio, escuchar los ruidos a mi alrededor para salir de la corriente de información y buscar en el centro de mi pecho el lugar de calma y paz que reside en mi interior.

Respiré, escuché, encontré mi centro y cuando abrí mis ojos sentí claridad, confianza y entusiasmo para evaluar cuál de tantos mensajes y pendientes anotados en mis listas iba a priorizar como guía, cuál de tantos ejercicios iba a probar ese día, donde de tantos lugares iba a ofrecer mi servicio y cual de tantas técnicas iba a practicar para mantener balance. Aun sentía el agradecimiento profundo por todos los mensajes y lo que se ofrecía, una admiración por los que organizaban actividades y un respeto por lo que se aconsejaba. La diferencia esa mañana radicaba en que ya no reinaban dentro de mí el miedo y el perfeccionismo. Empecé mi día sin exigirme ser más de lo que soy, cambie la pretensión por la simplicidad eligiendo desde mi centro interior de calma y confianza lo que hacer y ser ese día para tener salud y hacer mi rutina con alegría, aprovechando los recursos que se me ofrecían. Cambié el miedo por la fe que se encuentra en mi interior, cambié las exigencias por el deseo y al amor por mí misma, cambié las obsesiones por respiraciones y el celular por una ventana abierta que me deja ver y sentir la vida.

Te dejo esta memoria para que tú, aunque no estés en pandemia recuerdes que vivir con aceptación de lo que hay, con simplicidad, un día a la vez, haciendo pausas para respirar profundo y encontrar tu centro, son claves esenciales para que cumplas tus responsabilidades con alegría y elijas lo que quieres para tu vida con confianza y amor por ti.

Con cariño:

Tu abuela.



Mariana García Quintana © Copyright. Todos los Derechos Reservados. | Marzo 2020.



Mariana García Quintana | Blog

By Mariana García Quintana

Madre, esposa y psicóloga clínica por la Universidad Iberoamericana, con una maestría en Psicoterapia Gestalt, estudios en Psicoterapia de Arte, Mind Body Medicine, Psicología Profunda, Coaching y Teología.

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